Estudiante leyendo un libro en el aula para fortalecer la comprensión lectora

PISA y la IA: aprender sin dejar de pensar

Los resultados de PISA 2025 vuelven a poner sobre la mesa una pregunta esencial: ¿cómo incorporar la inteligencia artificial sin descuidar la lectura, las matemáticas y el pensamiento crítico?

Por César Ferrer
Fundador de EduInnova360

Los resultados de las pruebas PISA 2025 nos dejan mucho más que cifras, tablas y posiciones entre países. Nos obligan a mirar nuevamente hacia la educación y, sobre todo, hacia aquello que realmente estamos enseñando y aprendiendo.

La OCDE evaluó a unos 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países y economías. Los resultados muestran una caída importante en lectura y matemáticas en el conjunto de la OCDE. Entre 2015 y 2025, el promedio en lectura cayó 28 puntos y en matemáticas 22 puntos.

En América Latina la situación también merece nuestra atención.

De los países de la región participantes, ninguno alcanzó el promedio de la OCDE en las áreas evaluadas. Y detrás de esos resultados hay algo que no podemos perder de vista: estudiantes, docentes, familias e instituciones que forman parte de una realidad educativa mucho más compleja que cualquier número.

Porque hablar de educación no es solamente hablar de resultados.

Es hablar de personas.

El problema no empieza con la inteligencia artificial

En medio de este debate aparece inevitablemente la inteligencia artificial.

Hoy nuestros estudiantes tienen acceso a herramientas capaces de resumir un texto, redactar una respuesta, traducir información, resolver problemas, generar imágenes o explicar un concepto en cuestión de segundos.

Esto abre posibilidades enormes para la educación.

Pero también plantea una pregunta que considero fundamental:

¿Estamos utilizando la inteligencia artificial para aprender o para dejar de aprender?

No es lo mismo.

La propia PISA 2025 muestra que la relación entre el uso de IA y el rendimiento es compleja. Los estudiantes que utilizan IA para determinadas tareas escolares, como resumir textos, redactar trabajos o realizar investigaciones, presentan en promedio resultados inferiores en ciencias que quienes no la utilizan para esas tareas. Al mismo tiempo, el uso orientado al aprendizaje y acompañado de formación para evaluar la calidad de la información generada por IA presenta un panorama diferente.

Por eso, la discusión no debería convertirse en una guerra entre quienes defienden la tecnología y quienes quieren prohibirla.

La educación necesita algo mucho más sensato: aprender a utilizarla.

La tecnología no puede sustituir el pensamiento

Imaginemos a un estudiante que tiene que leer diez páginas y comprenderlas.

Puede utilizar una herramienta de IA para obtener un resumen en segundos.

¿Ha ganado tiempo?

Probablemente sí.

Pero la verdadera pregunta es otra:

¿Ha desarrollado comprensión lectora?

Si la tecnología hace todo el trabajo intelectual antes de que el estudiante tenga la oportunidad de pensar, relacionar ideas, hacerse preguntas, equivocarse y construir una respuesta, estamos frente a un problema.

La IA puede ser un excelente asistente.

Pero un asistente no debería convertirse en sustituto del aprendizaje.

Y esto es especialmente importante porque PISA también señala la necesidad de combinar competencias digitales con unas bases sólidas en lectura, matemáticas y ciencias.

Leer para comprender el mundo

Aquí llegamos a uno de los puntos que considero fundamentales: la lectura.

Leer no consiste simplemente en reconocer palabras.

Leer significa comprender.

Significa interpretar una idea, identificar un argumento, distinguir un hecho de una opinión, reconocer una contradicción y preguntarnos si aquello que estamos leyendo tiene sentido.

En un mundo donde la inteligencia artificial puede producir miles de respuestas en pocos segundos, estas capacidades son todavía más importantes.

¿Por qué?

Porque ahora no solamente necesitamos saber buscar información.

Necesitamos saber evaluarla.

La propia OCDE destaca que algunas de las habilidades lectoras especialmente importantes en la era de la IA están relacionadas con evaluar información, distinguir hechos de opiniones y desenvolverse frente a la ambigüedad.

Por eso me preocupa cuando la lectura queda relegada frente a la fascinación por la tecnología.

La IA necesita personas que sepan leer para poder utilizarla correctamente.

Y también necesitamos matemáticas

Algo similar ocurre con las matemáticas.

No podemos reducirlas a memorizar fórmulas o repetir procedimientos.

El razonamiento matemático nos permite analizar datos, encontrar relaciones, interpretar información y construir conclusiones.

En una sociedad rodeada de estadísticas, gráficos, porcentajes, algoritmos e información generada por máquinas, saber matemáticas continúa siendo una herramienta fundamental para comprender la realidad.

La tecnología puede calcular.

La pregunta es si nosotros sabemos qué estamos calculando, por qué y qué significa el resultado.

Ese es el punto.

La educación no es responsabilidad solamente del profesor

Cuando aparecen los resultados de PISA, suele comenzar rápidamente la búsqueda de responsables.

Se habla del profesor.

Se habla de los estudiantes.

Se habla de las familias.

Se habla de las políticas educativas.

Pero el hecho educativo es mucho más amplio.

La educación es una responsabilidad social.

Los docentes necesitan mejores condiciones para enseñar.

Las instituciones educativas necesitan apoyo.

Las familias necesitan acompañar los procesos de aprendizaje.

Los organismos responsables de las políticas públicas necesitan tomar decisiones que permitan fortalecer el sistema educativo.

Y los medios de comunicación también tienen una responsabilidad importante en la manera en que presentan estos problemas.

No podemos hablar durante unos días de que “la educación está en crisis” y después pasar al siguiente tema.

La educación necesita algo más que discursos.

Necesita acciones sostenidas.

Necesita inversión, formación docente, acompañamiento institucional, comunicación con los profesores y políticas públicas capaces de mirar más allá de un período determinado.

También debemos hablar de las pantallas

Hace años venimos observando cómo las pantallas pueden convertirse en una fuente importante de distracción dentro y fuera del aula.

PISA 2025 vuelve a poner esta discusión sobre la mesa: más de uno de cada cuatro estudiantes señaló que sus compañeros se distraían con dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de ciencias. La OCDE también encontró una relación entre la distracción digital y peores resultados, menor compromiso con el aprendizaje y menor conexión con la escuela.

Esto no significa que debamos eliminar la tecnología.

Significa que debemos aprender a regularla.

Una pantalla puede ser una herramienta educativa extraordinaria.

También puede convertirse en una fuente permanente de distracción.

La diferencia está en cómo, cuándo, para qué y con qué acompañamiento se utiliza.

La IA también debe entrar al aula

La inteligencia artificial ya está presente en nuestra sociedad y en el mundo laboral.

Por eso, pretender que la educación permanezca al margen de esta transformación tampoco parece razonable.

El profesor necesita conocer estas herramientas.

La escuela necesita discutir su uso.

Las familias necesitan comprenderlas.

Y los estudiantes necesitan aprender a utilizarlas con criterio.

Esto implica enseñar no solamente a escribir un buen prompt.

Implica enseñar a preguntar, verificar, contrastar, argumentar y tomar decisiones.

También implica definir cuándo utilizar IA y cuándo no utilizarla.

Hay actividades en las que puede potenciar el aprendizaje.

Y hay otras en las que necesitamos que el estudiante escriba, lea, resuelva, investigue y piense por sí mismo.

No se trata de elegir entre educación o tecnología

Ese es, quizás, uno de los errores del debate actual.

No tenemos que elegir entre educación y tecnología.

Tenemos que construir una educación capaz de utilizar la tecnología sin perder aquello que nos hace capaces de aprender.

Leer.

Escribir.

Razonar.

Preguntar.

Investigar.

Contrastar.

Crear.

Decidir.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a potenciar muchas de estas capacidades.

Pero no puede reemplazar la responsabilidad de desarrollarlas.

Por eso, los resultados de PISA deberían servirnos para algo más que comentar cifras durante unos días.

Deberían abrir una conversación mucho más profunda sobre qué educación queremos construir para nuestros estudiantes.

Una educación que incorpore la inteligencia artificial.

Una educación que aproveche las nuevas herramientas.

Una educación preparada para el mundo laboral que ya estamos viviendo.

Pero también una educación que siga enseñando a leer, escribir, comprender, razonar y pensar.

Porque la tecnología puede ayudarnos a aprender, pero primero necesitamos asegurarnos de que seguimos desarrollando la capacidad de pensar.

Y quizás este sea uno de los mayores desafíos educativos de nuestro tiempo:

aprender a convivir con máquinas cada vez más capaces sin dejar de formar seres humanos capaces de pensar por sí mismos.

Un recurso para fortalecer la comprensión lectora

Como aporte a esta reflexión, quiero compartir un recurso gratuito que puede ser útil para estudiantes, docentes, padres y cualquier persona interesada en fortalecer la comprensión lectora:

📖 12 estrategias para aumentar tu comprensión lectora

Porque hoy, en plena expansión de la inteligencia artificial, leer no es solamente comprender palabras. Es aprender a comprender el mundo.

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